oh que gusto de volverte a ver
saludarte y saber que estás bien
oh que gusto de volverte a encontrar
tan bonita guapa y tan jovial.
Probablemente uno de los temás más recurrentes dentro de la literatura fotográfica es aquella de la muerte fotográfica: pequeños asesinatos irreconciliables ocasionados por el obturador. La persona es desprovista de toda personalidad y convertida en una combinación tonal. No sabes quién es, y, peor aún, la persona capturada, encarcelada en el purgatorio, nunca vuelve a ser la misma.
Dado que la gente cambia, la de la fotografía murió. Tal muerte metafórica ocurre con o sin fotografía, pero nunca se había tenido evidencia de ella.
Cuando a uno se le presenta por primera vez con este concepto, lo acepta, pero nunca deja de parecer una excusa. Finalmente, con todo orgullo, puedo decir que lo comprendí. He logrado comprender la muerte fotosensible.